La impresión en platino paladio

Fotografía en platino/paladio

 

La impresión fotográfica en platino/paladio es un proceso que fue muy popular entre los fotógrafos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. El método se basa en la química por oxidación reducción entre el oxalato férrico y el tetracloroplatinato de potasio. El hierro se oxida con la exposición a la luz ultravioleta, posteriormente durante la etapa de revelado se reduce con las sales de platino para formar platino metálico.
Para la impresión, se prepara una solución química con estos materiales, se le extiende sobre un papel y se deja secar. Se coloca el negativo sobre el papel y se expone el conjunto a luz ultravioleta. El papel expuesto se revela, aclara y lava. Dado que la solución química es absorbida por el papel, la imagen que se obtiene está realmente metida entre las fibras, no solamente sobre la superficie como ocurre en los papeles fotográficos tradicionales, dónde la emulsión fotosensible se adhiere al papel mediante una capa de barita. El acabado de la fotografía es mate y el tono puede variar de neutro a cálido (dependiendo de la combinación paladio/platino y revelador).
Se tiene registrado que fue el inglés William Willis quien obtuvo la primera patente del proceso en 1873. Actualmente, la impresión en paladio/platino está considerada dentro de los procesos fotográficos llamados alternativos, que son aquellos que no utilizan (o lo hacen parcialmente) materiales fotosensibles con emulsión de plata producidos industrialmente.
Dos factores hicieron que prácticamente desapareciera: el estallido de la primera guerra mundial que disparó el precio del platino (en esa época se usaba más platino que paladio porque el precio del paladio era muy elevado), y la evolución tecnológica de la industria fotográfica que, buscando mejores productos para el consumidor masivo, encontró en la plata el elemento fundamental para su desarrollo.
La fotografía en platino/paladio se hace por contacto, es decir, se juntan en una prensa el negativo y el papel para exponerse a la fuente de luz ultra violeta. Puesto que es un proceso por contacto, el tamaño de la imagen final está determinado por el tamaño del negativo. Esto también fue factor para relegar a la fotografía en platino/paladio, ya que se requerían cámaras muy grandes y pesadas para obtener negativos de un tamaño adecuado. De los avances tecnológicos resultaban cámaras más pequeñas, de más fácil manejo, películas más sensibles y ópticas de mejor calidad. Los papeles fotográficos con emulsión de plata eran más rápidos, se hacía posible proyectar el negativo sobre el papel para agrandar la imagen. El siguiente paso era obvio, quién, para tomar fotografías, iba a querer seguir cargando con una cámara inmensa y pesada (además de los accesorios!). La impresión fotográfica en platino paladio pasó paulatinamente al olvido.
Fue hasta mediados de los sesentas, que algunos fotógrafos buscando alternativas diferentes a la impresión en plata/gelatina, se interesaron nuevamente en la impresión en platino/paladio. Para 1970 Irvin Penn, entre otros, ya elaboraba fotografías con este proceso. Poco a poco la impresión en platino/paladio fue ganando adeptos, sin embargo, puesto que el tamaño del negativo determina el tamaño de la imagen, el proceso interesaba más que nada a aquellos fotógrafos que trabajaban con cámaras de formato muy grande o que tenían la suficiente paciencia y habilidad para agrandar un negativo por métodos fotográficos tradicionales.
Actualmente, gracias a la evolución tecnológica en materia de manejo de imágenes e impresión por computadoras, podemos trabajar con cámaras de cualquier tipo, de película o digitales, y con ayuda de nuestra PC e impresora, hacer un negativo del tamaño deseado para imprimir en platino/paladio.
Esta alternativa digital en el flujo de trabajo fotográfico, está ayudando a que la impresión en platino/paladio vuelva, una vez más, a ser popular entre los fotógrafos profesionales y aficionados.
Juan Carlos Franco Toriz

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